betún de Judea

-Vanesa Contreras Capó

Cuando en el verano de 1995 la Nydia decidió que nos mudábamos de Algete a Santurce, organizamos un “garage sale” que barrió con todos nuestros muebles y pertenencias en menos de un fin de semana. Amigas y vecinas llegaron de todas partes a comprar desde cubiertos hasta sofás con la intención de ayudarnos económicamente para ese cambio de vida. A lo largo de los años, cuando volvía de visita en las navidades, veía partes de mi casa regadas en todas las casas de gente querida. En especial recuerdo la casa de mi amiga Marisitos que en el momento de nuestra mudanza ella estaba construyendo su hogar y aprovechó la venta  para amueblarla; en todos los rincones de su casa habitaba la que había sido mi casa, tazas en la cocina, colchas en las camas, cuadros en el pasillo, muebles en los cuartos; a todos los objetos les había dado un toque particular. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue que a los dos muebles que habían estado en nuestro living por más de 10 años Marisitos los barnizó con un betún de judea que logró que estos tuvieran un toque más antiguo y “chic”. Quedé tan fascinada con ese nuevo look que decidí comprar el betún de judea para hacer lo mismo con los muebles de mi abuela en Santurce….nunca lo hice.

Durante estas semanas pasadas, mientras tirábamos todos los muebles de mis abuelos que se habían inundado, recordé la mudanza de 1995. Nuevamente nos tocó vaciar una casa llena de trastos y recuerdos con la diferencia de que esta vez no tenemos otro espacio al que ir ni otra vida que empezar a construir. Más bien ahora nos toca inventar una nueva rutina entre las ruinas y estirar los chavitos de FEMA para comprar lo necesario. Estamos bien, esa es la constante letanía de este último mes, porque no hemos perdido el techo. Estamos bien porque tenemos agua. Estamos bien porque no nos hemos enfermado. Estamos bien porque tenemos trabajo. Estamos bien… me imagino. Sin embargo, a diferencia de 1995, en donde la esperanza era  cruzar el charco y salir de la inestabilidad económica, ahora no sabemos muy bien ni qué hacer ni para donde ir. Si bien la emigración hacia EE.UU ha aumentado de forma estrepitosa, en casa estamos en un limbo sobre lo que nos depara el futuro a corto y mediano plazo. ¿Compramos una planta o seguimos esperando que llegue la luz? ¿Vendemos la casa y nos mudamos a otra que no se inunde? ¿Esperamos a perder el trabajo o buscamos otro antes de que nos despidan? ¿Volvemos a Algete? Yo me imagino que con preguntas similares, y muchas más,  #PuertoRicoSeLevanta todos los días.

La semana pasada, mientras terminaba de recoger los escombros del patio, encontré los potecitos de betún de judea que trajimos en 1995 de España, son de las pocas cosas que nos quedan que han resistido la mudanza transatlántica y el huracán. En medio del patio cubierto de zinc, rejas y pvc, el betún de judea me recordó esa mudanza que cambió completamente nuestra vida. Ahora ya no nos quedan muebles para pintar.

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foto por Vane

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